Cuando tocar fondo fue la única forma de ser vista

A man in a plaid shirt sits by the water looking distressed, symbolizing stress.

El diagnóstico tardío

Hay algo que muchas personas con síntomas de depresión, ansiedad, fatiga crónica o comportamientos autodestructivos experimentan: pasan años sintiéndose perdidas entre síntomas que no tienen un nombre claro. Se sienten agotadas, se culpan a sí mismas, y aun así nadie les dice lo que realmente les pasa.


Yo no llegué al diagnóstico porque un día me senté y lo entendí todo.
Llegué porque me rompí, caí en un pozo oscuro y sin salida.
Porque el cuerpo y la mente dijeron basta después de años de sostener algo que nadie supo nombrar a tiempo.


Y eso deja una marca profunda.

Cuando los síntomas no son suficientes para obtener un diagnóstico

El problema es que, mientras sigues funcionando de alguna manera, aunque sea con esfuerzo, el sistema no siempre te toma en serio, ni tus familiares. Escuchas frases como:


● “Échale ganas”
● “Todo está en tu cabeza”
● “No es para tanto”
● “Hay gente que está peor que tú”
● “Si quisieras, podrías salir de eso”
● “Son excusas”


Y mientras tanto, tú sigues sin un nombre, sin un diagnóstico que explique por qué te sientes así.

El diagnóstico llega cuando ya no puedes más
Y solo cuando esos síntomas se vuelven insostenibles, cuando tocas fondo y ya no puedes seguir adelante de la misma forma, finalmente alguien te dice: “Esto es lo que tienes.” Ahí llega el diagnóstico, tarde, cuando ya has perdido energías, oportunidades o has tomado decisiones que podrían haber sido distintas. Entonces aparece el duelo por la vida que podría haber sido diferente si lo hubieras sabido antes.

El duelo por lo que no fue y el camino hacia la comprensión
Cuando por fin entiendes lo que te pasa, no solo sientes alivio. Sientes también el duelo por todo lo que no fue: amistades que se desgastaron, relaciones que no pudiste sostener, decisiones que tomaste desde el desconocimiento haciendo daño únicamente a ti. No es victimismo, es reconocer que hiciste lo mejor que podías con la información que tenías. Y ahora, al entenderlo, puedes empezar a dejar de culparte y a construir la vida que sí puede ser, con compasión y claridad.


Ojalá no hiciera falta tocar fondo para que te crean. Ojalá el dolor silencioso también fuera escuchado. Pero si estás leyendo esto porque algo de aquí te resonó, quiero decirte algo con absoluta claridad:


No exageraste.
No fallaste.
No fue tu culpa.


El duelo por la vida que no fue es legítimo. Y entenderlo es el primer paso para empezar a construir la vida que sí puede ser, con compasión y sin culpas.

Scroll al inicio